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14 de dic 2015

Procrastinar

Ramón Pérez Blanco

APPR

Procrastinar es aplazar el cumplimiento de una obligación o el desarrollo de una acción.  En el “idioma” puertorriqueño significa dejar siempre las cosas para última hora. Un ejemplo sencillo, pero muy conocido por nosotros, es la renovación del marbete del carro.  ¿Cuántos son los que dejan la inspección, pago de multas y compra del marbete para el último día?  El resultado de este hábito es que el costo emocional y económico de la persona es mucho más alto.

El que compra al momento de más necesidad, compra a un precio más alto. Contrario a cuando no se tiene prisa, que se estudia y analiza, pudiendo así tomar una decisión informada, más económica, y conociendo las consecuencias.

En nuestro País, lamentablemente, la procrastinación no es solo un mal individual sino colectivo, incluido sobre todo, el gobierno.  El asunto fiscal y económico de Puerto Rico se viene desarticulando desde hace mucho tiempo.  Se sabía que había que tomar acción.  Pero las distracciones pudieron más que el deber en el momento adecuado.

No es hasta que tenemos el agua hasta el cuello, que se actuó. Nos quedamos a pie, sabiendo que teníamos que cambiar el carro. Ahora, estamos ante Estados Unidos esperando una oferta más costosa, que no sabemos si llega ahora por el Congreso o dentro de seis meses por el Tribunal Supremo Federal, para aceptarla, sin saber si el efecto será positivo o negativo.

Al final del día, no sabremos en el negocio que nos están metiendo, pues lo dejamos todo para última hora.